domingo, 7 de abril de 2013

El Harlem Shake del Sodre

El Harlem Shake está haciendo furor en las redes sociales.

Los bailarines del Ballet Nacional de Uruguay, dirigido por Julio Bocca, hicieron su propia versión luego de una función de La Sílfide, con María Noel Riccetto en el papel principal:


martes, 9 de octubre de 2012

miércoles, 3 de octubre de 2012

Bocca, embajador iberoamericano de la Cultura

Julio Bocca fue designado por la Secretaría General Iberoamericana de la Cultura como Embajador Iberoamericano de la Cultura.

El acto de investidura se llevó a cabo el viernes 21 de septiembre en Cádiz, en el marco de los actos por el bicentenario de la Constitución de esa localidad.
Luego de la ceremonia, Bocca regresó a Montevideo para ultimar los detalles de La Viuda Alegre, producción del Ballet del SODRE, que se llevará a cabo entre el 6 y el 18 de octubre, si los problemas sindicales lo permiten.
En efecto, ni bien regresado de Cádiz, Bocca amagó por segunda vez con renunciar por problemas con la orquesta.
Relata el diario El País de Montevideo: 
Enfrentado con parte de la orquesta y el cuerpo estable, el director del Ballet del Sobre, Julio Bocca, amagó el miércoles 26 con presentar renuncia, según consignaron a El País fuentes del servicio de radiodifusión y espectáculos. 
Las fuentes dijeron que el presidente del Sodre, Fernando Buttazoni, logró detenerlo y le pidió que se tomara unos días de licencia para descansar.
El miércoles, mientras ensayaban juntos la orquesta y el ballet del Sodre para el estreno de la obra La viuda alegre, previsto para el 5 de octubre, Bocca anunció que el descanso habitual de 20 minutos sería modificado a dos tiempos de 10. Los músicos pusieron el grito en el cielo ya que ensayan en el foso en medio de cables e instrumentos y demoran mucho tiempo en salir. Por eso pidieron que se mantuviera el descanso en la duración que se había establecido de común acuerdo tiempo atrás. 
Bocca insistió y se descansó 10 minutos. Al volver al ensayo, el ex bailarín argentino volvió a enojarse y se retiró dejando en su lugar a su suplente. Más tarde llamó a Buttazoni y le dijo que en esas condiciones no se podía trabajar. "Me voy", dijo. 
Bocca aprovechó la ocasión para quejarse por los graves problemas de tipo burocrático y funcional a los que se vio sometido desde que ingresó al organismo oficial.  
En principio, Bocca volvería a los ensayos el lunes 1°. 
"ME VOY". Esta no es la primera vez que Bocca manifiesta su descontento en el Sodre desde que asumió al frente del Ballet en marzo de 2010. En septiembre de ese año, el director del Ballet quedó en medio de un conflicto de los funcionarios de la Administración Central, que abarcó a los del Sodre, y estuvo a punto de renunciar. 
El tema llegó hasta el presidente José Mujica, que tuvo que pedirle a su ministro de Educación, Ricardo Ehrlich, que interviniera ante la Confederación de Organizaciones de Funcionarios Públicos (COFE), para que un paro general previsto para el 6 de octubre no afectara el calendario artístico. 
Ya en agosto de 2010 Bocca se vio obligado a suspender la presentación de la obra Giselle por medidas del sindicato del Sodre. "Hago la función como sea. Y si no, me retiro a mi casa muy tranquilamente", dijo. 
Por entonces, Bocca hacía una gira con el elenco del Sodre por el interior del país. "Yo ya lo dije: si suspenden otra función me voy. Termino de cumplir mi contrato que es hasta el 31 de diciembre (de 2010) y ahí ya no retorno", dijo en Paysandú. "No es ninguna amenaza. Yo estoy poniendo mi nombre, gente de afuera que viene contratada porque estoy pidiendo que venga, estoy pidiendo el favor para incentivar y ayudar. Hay cosas en las que yo también me tengo que cuidar", afirmó. 
DENUNCIA. Los problemas volvieron en 2011. A mediados del mes de septiembre de ese año, la Asociación de Funcionarios del Sodre (Afusodre) denunció a Bocca, por "represión sindical". El planteo fue hecho ante la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Diputados. Según los trabajadores, "cuando asumió, el maestro Bocca le dijo a los bailarines: nada de sindicato, el que esté en el sindicato no baila". 
Pero además, los funcionarios del Sodre tomarán medidas esta semana en reclamo de mejoras en la Rendición de Cuentas. Y esas medidas pueden afectar los ensayos con el ballet del Sodre...

Más información sobre las funciones:
BNS – BALLET NACIONAL SODRE
bns.secretaria@gmail.com
(59 8) 2 901 39 72

Y sobre el Ballet del Sodre aquí.
 

viernes, 27 de abril de 2012

Julio Bocca recibirá las llaves de Munro



Clarín - El bailarín recibirá las llaves de la ciudad. Y, junto a Mirtha Legrand y Gonzalo Heredia, pondrán sus manos en el cemento. Será el lanzamiento de las celebraciones por el centenario de la localidad.

Foto Clarín
 
Para celebrar el centenario de Munro a lo grande, se realizarán una serie de eventos de loa que podrán disfrutar todos los vecinos y que tendrá un invitado de lujo como pocos: Julio Bocca. 

Esta personalidad también dio sus primeros pasos en el barrio, ya que su formación inicial la realizó en el estudio de su madre, que también está ubicado en Munro. Los festejos arrancan el viernes con la presentación del grupo folklórico “Los Carabajal” en el Centro Cultural Munro. 

Este no es un dato menor, ya que supone la vuelta de un espectáculo grande al centro cultural del barrio y desde la Municipalidad consideran esta presentación como “una especie de reinauguración para que los vecinos lo puedan disfrutar”. 

El Secretario de Cultura y Turismo de Vicente López Rafael Staffolani, explicó al Zonal que “el sábado habrá un festejo, en Mitre y Avenida Vélez Sarsfield, con todas las colectividades que hacen al acervo cultural de nuestro barrio, mediante shows artísticos culturales y carpas con comida típica”. 

Más tarde, Julio Bocca se sumará a los festejos y estará presente en Av. Mitre y Vélez Sarsfield. Allí, recibirá la llave de la Ciudad y junto a otras personalidades destacadas como Mirtha Legrand y Gonzalo Heredia “pondrán sus manos en el cemento”, en un espacio especialmente armado para la ocasión. 

Leer la nota completa aquí.

jueves, 19 de abril de 2012

Bocca contrata a María Riccetto como primera bailarina invitada del Sodre

Copyright 2012
Ballet Theatre Foundation, Inc.
Hay que reconocer que Julio Bocca está haciendo las cosas bien en Uruguay. Acaba de contratar como bailarina invitada del Ballet Nacional del Sodre a la uruguaya María Riccetto, actual solista del American Ballet Theatre de Nueva York.

En todo caso, está haciendo las cosas con las que soñaba poder hacer en el Teatro Colón de Buenos Aires.

En efecto, en mi libro Julio Bocca, la vida en danza, relaté cómo Bocca pensaba que el primer coliseo argentino debería haber contratado como bailarines invitados a todos aquellos argentinos salidos de las filas del Instituto de Arte del Colón y desparramados por el mundo:
En 1997, Julio mantenía con el Colón una relación cordial, sobre todo desde que Raquel Rossetti había asumido la dirección de la compañía. Pero había desistido de su idea de bailar regularmente con el Ballet Estable. "Me encantaría llegar a un arreglo similar al que tiene Alessandra Ferri con la Scala de Milán, donde su contrato, hasta el 2000, estipula que baile dos funciones de la programación, sobre todo en los estrenos", declaraba Julio en 1996. En efecto, si cada uno de los bailarines argentinos que han triunfado en el exterior hubiera estado obligado por contrato a presentarse dos o tres veces al año en las temporadas regulares del Ballet Estable, éste "sería una de las mejores compañías del mundo", considera Julio.

Bocca, Guerra, Iñaki Urlezaga, Luis Ortigoza, Herman Cornejo, Paloma Herrera y Eleonora Cassano, entre otros, se han formado en el Instituto Superior de Arte y han bailado en el escenario del primer coliseo. Ninguno ha sido nunca primer bailarín del Ballet Estable y todos se han ido a trabajar al exterior. Cada temporada podría haberse oganizado alrededor de sus agendas, alternando con los primeros bailarines locales, y atrayendo así al público masivo que solía acudir al Colón en la década de los sesenta".

Julio Bocca, la vida en danza, p. 331 y 332 (ed. Aguilar) - © Derechos reservados
 María Riccetto se integrará a las filas del Ballet Nacional del Sodre el próximo primero de agosto. 

Derechos reservados

sábado, 14 de abril de 2012

Nota en el semanario Búsqueda sobre el estreno de Bayadera en el SODRE

"La Bayadera" es según Julio Bocca "un antes y un después" en el Ballet Nacional del Sodre

El Ballet Nacional del Sodre (BNS) estrenó el jueves 12 "La Bayadera", obra que estará en cartel hasta el domingo 22 en el Auditorio Nacional Adela Reta, y que significa el retorno al escenario de la Orquesta Sinfónica del Sodre para musicalizar en vivo una obra del principal elenco de danza del país.

"Es un antes y un después en el Ballet Nacional", dijo Julio Bocca, director artístico de la compañía, este viernes 13 a radio El Espectador, en referencia al trabajo de la coreógrafo rusa Natalia Makarova, quien trabajó con el elenco del BNS durante el último mes, contratada especialmente para este montaje como coreógrafa reponedora.

El argentino explicó que "La Bayadera" implica un salto de calidad para el BNS por los cambios de escenografía y la exigencia técnica para los bailarines. Explicó que el segundo acto, "las sombras" es uno de los pasajes más difíciles de todo el repertorio internacional de ballet, entre otras razones porque que el plantel femenino no deja de bailar en ningún momento.

La escenografía, proveniente de Estocolmo, fue adquirida por el BNS, por lo que podrá ser repuesta periódicamente por la compañía, explicó Bocca.

El montaje cuenta con producción (vestuario, utilería y maquillaje) del Swedish Royal Ballet y la participación como invitados de primeras figuras internacionales, como los bailarines Roberta Márquez (Royal Ballet of London), Arionel Vargas (English National Ballet) y Arsen Mehrabyan (Royal Swedish Ballet).

La obra
"La Bayadera" es una de las piezas fundamentales del repertorio de las compañías de danza clásica. El compositor Ludwig Minkus (Austria,  1826-1917) puso música a un libreto basado en dos dramas del poeta hindú Ka¯lida¯sa. El libreto fue escrito por Sergei Kuschelok y Marius Petipa, quien creó la coreografía.
Se estrenó en San Petersburgo el 23 de enero de 1877. Varias estrellas del ballet clásico han obtenido grandes lauros por sus desempeños en esta obra, entre ellas Ana Pavlova y Rudolf Nuréyev.

Funciones
Las funciones del viernes 13, sábado 14, martes 17, miércoles 18, jueves 19, viernes 20 y sábado 21 serán a las 20:00 horas, y las de los domingos 15 y 22 comenzarán a las 18:00 horas. Las entradas se venden en Red UTS, en la Sala Nelly Goitiño y en la boletería del Auditorio Nacional Adela Reta y, de lunes a domingo, de 13:00 a 19.00hrs. Los precios van de $ 100 a $ 600.

 © Semanario Búsqueda

Aquí la entrevista de Julio Bocca por El Espectador.

martes, 6 de marzo de 2012

¡¡¡ Felices 45 !!!

Julio Bocca, 1 año
Colección personal Nancy Bocca

lunes, 20 de febrero de 2012

Julio Bocca unplugged

Una nota de 7 Días que pueden leer aquí: 

A casi cinco años de su retiro, Julio Bocca reside en Montevideo, donde rearmó un humilde ballet estatal. Convive con su pareja, y por primera vez disfruta de los placeres domésticos: "Es lo que me faltó durante mi carrera".
Foto: Sandra Flomenbau
Por Daniela Rossi (Desde Montevideo)

Cuando el sol empieza a bajar para ponerse en el río de la Plata, Julio Bocca se acomoda en su sillón y prende la tele. O escucha música, prepara unos mates, abre una cerveza. Pero siempre en su casa, en su departamento de Punta Carretas, el barrio del que es vecino desde diciembre. Como mucho, sale a caminar por la rambla, cerca del agua, esa costumbre tan típica de quien vive en Montevideo. Como él, desde hace más de cuatro años.

Alumno del teatro Colón, primer bailarín del American Ballet Theatre durante veinte años, figura principal en los teatros más distinguidos del mundo, creador del Ballet Argentino, director de una fundación que lleva su nombre, hoy Bocca descansa. Pero lejos está de no trabajar: desde marzo de 2010 y al menos hasta 2013, es el director artístico del ballet del SODRE, el Servicio Oficial de Radiotelevisión y Espectáculos de Uruguay.

El sábado 22 de diciembre de 2007 bailó por última vez frente a la multitud, con el Obelisco de fondo. Después fue a festejar, comió pizza, tomó champagne, se rapó, armó las valijas y cruzó el charco. Hizo de Montevideo su lugar en el mundo, en donde quien lo reconoce lo saluda pero no lo persigue, donde descubrió su pasión por la cocina, donde disfruta de su ventanal que da al puerto, al atardecer, donde convive con su pareja desde hace tres años. "Suena bobo, pero es la verdad: lo que más disfruto de esta etapa es levantarme en mi casa y volver a ese mismo lugar a la tarde después del trabajo. Tener mi cama, mi baño, mi lugar. Es lo que me faltó durante mis 27 años de carrera", dice, claro. Tiene contados los días que pasaba en Buenos Aires cada año: eran sólo ochenta. El resto era entre hoteles y aeropuertos.

Hace unos días volvió de sus vacaciones en Punta del Este, el balneario que queda a una hora y media de su casa. Su bronceado acusa el paso por la playa, las revistas mostraron que también estuvo en el cumpleaños de Susana Giménez, él cuenta que disfrutó de una función que dio su amiga Eleonora Cassano. Ahora es tiempo de volver a la rutina en la oficina en la que está de lunes a viernes de 8.30 a 17.30, en la parte vieja de la ciudad. Llega antes que todos, se reúne con el gerente de la compañía, responde mails, ajusta calendarios. Cumple con la parte administrativa, según la define él. Después vuelve al territorio que más conoce: el de las zapatillas de baile, la barra, las piruetas frente al espejo enorme. Pero ya no como bailarín, sino como maestro, coordinador. "No. No bailo más. Ya está", asegura. Ni siquiera deja un espacio entre palabras. Suena decidido, determinante.

Sin embargo, esta mañana Bocca baila. En un rincón de la sala, vestido de jogging y remera negros, tomado de la baranda de una escalera, escucha atento y obedece las indicaciones de la belga Olga Evreinoff, repositora de "La Bayadera", pieza que estrenarán en abril. A unos metros están los sesenta chicos que integran la compañía que él dirige y que, a medida que fueron llegando, él saludó con sonrisa y nombre de pila. Cumple con los primeros ejercicios de técnica y sus pies todavía tienen memoria. La pierna sube, se estira, el empeine se aplana hasta los dedos. Cuando la clase pasa a la etapa de ensayos, él sube los escalones y vuelve a su oficina. Tiene que cumplir con una serie de reuniones programadas. "Algo tengo que hacer, pero el gimnasio me aburre, no me engancho. Entonces para mantenerme volví a tomar clases, aprovecho cuando viene algún docente. El físico está acostumbrado a esto, se siente cómodo, es lo que sabe hacer", dice mientras gira los hombros, estira la espalda, gira la cintura. Acomoda su cuerpo, que ya no sufre de uñas negras, golpes, operaciones.

-Tuvo un año y medio sabático. ¿Cómo volvió a la danza?

-En ese tiempo no hice nada de nada. Pero después me agarraron ganas de empezar de nuevo, entonces fui a algunos concursos como jurado, ¡que es espantoso! Es lindo porque retomás el contacto, ves muchas cosas, pero tenés que ser duro. Yo soy muy exigente, quiero que todo se haga bien. Me daba cosa ese rol, porque yo sé lo que cuesta estar ahí. Y después acepté dar unas master clases en Praga, algo con lo que me insistían hacía tiempo. Fui una semana y tenía que enseñar una variación. Los primeros días fueron terribles, estaba más nervioso que los chicos y tenía que parecer que no. Pero de ahí en más, agarré envión y llegaron las clases acá.

-Cuando bailaba, ¿tenía el rol de docente como una opción para el futuro?

-No, nunca, fue algo que vino después, cuando paré. Siempre decía "jamás voy a dar clases, yo no puedo, yo no puedo, no voy a servir" (risas). No me divertía, y creo que uno tiene que hacer las cosas que realmente le gusten para poder transmitirlo. Para tomar ensayos sí me veía, en la parte directiva. Pero ahora descubrí que en una clase uno puede descubrir más, corregir. Puedo aplicar ahí mi perfeccionismo. Estoy feliz como estoy, con lo que estoy haciendo.

-¿Cómo es estar al frente de una compañía?

-Esto es diferente a lo que yo había hecho en la Argentina, es una institución del Estado, algo que está por cumplir 77 años. Me siento muy bien. Gracias a las relaciones que me dejó la carrera también puedo armar un grupo de trabajo muy lindo, puede venir gente muy interesante a trabajar con los chicos. Me estoy divirtiendo y lo que me da fuerzas es la alegría con la que trabajan los chicos. Eso para mí es fundamental, saber que ante cualquier inconveniente que pueda surgir, ellos de todos modos vienen a aprender felices, con ganas. Los docentes que vienen acá se van siempre alegres. Eso me parece muy importante, sobre todo en nuestra carrera, que es algo que elegís, que no te obligan a hacerlo. Entonces si vos elegís la danza, no te pongas vos mismo palos en la rueda. Disfrutalo.

Tacuarembó, 8 de septiembre de 2010. Esa noche, el gimnasio de básquet del club Estudiantes se transformó para recibir una gala de ballet. Ese año la compañía volvió a girar por el interior del país. Algunas ciudades no la recibían desde hacía más de 50 años. "Había generaciones enteras que nunca habían visto algo así", recuerda Bocca. Cuenta de una nena que hacía danza como hobby pero jamás había visto un trabajo profesional, describe a su público de aquellas noches diferentes: "Vos veías a la familia entera acomodarse en una tribuna, una silla de plástico, lo que había en cada lugar. En otras ciudades comenzaron a recuperarse hermosos teatros, algunas sociedades italianas. Llegaban con el termo abajo del brazo y el mate en la mano". El ballet del SODRE -que tiene un 70 por ciento de bailarines uruguayos, y el resto de Argentina, Brasil, Venezuela, Perú, Paraguay y España- volvió a salir de Montevideo en 2011, y este año volverá a la ruta. "Se trata de llevar la danza a todos para que la puedan disfrutar. Estaban fascinados, maravillados, veías las caras de sorpresa", cuenta sobre los ojos que ahora los siguen más atentos, con más experiencia, más críticas, dice él. El año pasado, además de la gira, se montaron cuatro producciones, se hicieron 80 funciones al año, con 1.850 entradas agotadas cada noche. La sala del subsuelo en la que hoy ensayan es provisoria. Desde la sala principal llegan los sonidos de algunos instrumentos de la orquesta, y la que les pertenece a ellos está en obra. El edificio sufrió un incendio devastador hace 40 años y la nueva arquitectura delata su corta edad.
Aunque no tiene seguridades de su futuro (al menos no las confiesa), el proyecto que a Bocca le gustaría encabezar tiene que ver con una mezcla de todo lo que hace hoy: aprendizaje, mayor acceso de la gente a las disciplinas artísticas, trabajo. Mucha dedicación y trabajo.

-¿Ya piensa qué hará luego del SODRE?

-Mirá, la verdad que no tengo nada pensado. En algún futuro, a su tiempo, me gustaría poder dirigir el ballet del teatro Colón. Y ayudar a que haya una escuela de arte integral, que en la Argentina no hay. Que tenga primaria, secundaria, teatro, danza, pero también un laboratorio de química. Hace mucho que no salen buenos bailarines del país, y no significa que no haya talento o que los maestros sean malos. Hay maestros buenos y chicos con talento, pero no hay una unidad de trabajo.

-Bailó 20 años en el American Ballet de Nueva York. ¿No lo tienta dirigir esa compañía?

-Por un lado me gustaría, pero por otro lo veo tan difícil. No sé si me veo manejando algo tan grande y con semejante peso. En este momento no me siento preparado para hacerlo. Yo acá estoy aprendiendo cada día, armando algo. Pero soy inteligente en darme cuenta que es algo desde cero, acá no había nada. El AB está armado hace muchos años, entonces es muy difícil, hay que ver todo con otra cabeza. Es correr un riesgo, y no siento que éste sea el momento. Aunque sé que necesitan un cambio, están estancados. Pero si se da, que sea más adelante. Director uno puede ser a los 60, 70, no me corre la edad. No me corre nada.

-Eleonora Cassano está haciendo su gira de despedida. Si se lo pide, ¿se subirá al escenario para bailar en su último show?

-No, nada, ya no bailo. A abrazarla, darle besitos sí, pero no. Se hubiera retirado antes si quería que yo bailara (risas). No, no, no. La vi bailar hace poco, quedé sorprendido, se la ve divina, con mucha garra. Me dio felicidad. Pero ya está, definitivamente.

-Sigue convencido de que fue la decisión oportuna el retiro a los 40...

-Sí. A veces uno jode con que si me pagaran un millón de euros, quizá lo pensaría, ¿no? Pero estoy muy bien así, entonces no hay ninguna necesidad de volver a bailar.

-¿Qué fue la danza en su vida?

- Mi vida. Sigue siendo parte de mi vida, porque sigo amando la carrera, la danza, lo que estoy haciendo. Lo amo, todo lo relacionado a eso. Al comienzo quizá fue una especie de escapatoria, hasta que uno va aprendiendo las cosas de la vida, se va haciendo el camino.

Mientras Bocca posa junto a un ventanal que da a la calle, la gente lo mira, lo reconoce, y sigue de largo. "Acá te saludan, pero nada más. En la Argentina hay un cariño, un reconocimiento que está muy bueno, pero que es un poco obsesivo, esa cosa de ‘sos mío’", explica mientras se aprieta la cara como si fuera una abuela. "Ese cambio es también lo que uno busca acá", concluye. Siempre tuvo un vínculo muy importante con el río, el mar, cuenta. Nació en Munro y durante su infancia veraneó en Mar de Ajó. Sonríe cuando recuerda su primera visita a Río de Janeiro, a los 15, en donde se alojó en un hotel a dos cuadras de la playa Copacabana.

-Aunque prefiera quedarse en su casa, algo debe gustarle de esta ciudad, la eligió…

-Sí, claro, te permite hacer todo. Ir a lindos bares, comer bien, obras de teatro, ópera. Hay un movimiento interesante. Antes vivía más lejos, y me mudé para estar cerca, porque si no tenía que viajar mucho. Y quieras o no acá hay tráfico… (risas).

-¿Qué le pasa cuando vuelve a Buenos Aires?

-Al principio llegaba y me quería ir. Ahora ya me acostumbré. Igual todo bien, voy, estoy muy cerca, todavía tengo mi departamento, pero no sé cómo la gente aguanta eso. Yo no podría. Acá hay otro ritmo. Extraño a mis amigos, pero acá por suerte también tengo otros. Mi mamá viene a visitarme. Ya tengo mi vida instalada de esta manera.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Julio Bocca al frente del Sodre hasta 2015

MONTEVIDEO - (AFP) - El afamado ex bailarín argentino Julio Bocca, director artístico del Ballet Nacional del Sodre de Uruguay desde junio de 2010, renovará su contrato hasta 2015, informó el presidente del Consejo Directivo del Sodre, Fernando Butazzoni, en un comunicado.

Tras llegar a un acuerdo con el célebre artista, el Consejo "no ha hecho más que reconocer la brillante labor de Bocca, quien con su equipo de gestión ha realizado en 2011 una gran tarea no solamente artística sino también de planificación estratégica del ballet", aseguró Butazzoni, citado en el comunicado.

El ballet nacional culminó una exitosa temporada 2011 uniéndose la semana pasada a una popular murga para un espectáculo gratuito de cierre de los festejos por el bicentenario del inicio de la independencia uruguaya de España.

Para 2012, Bocca ya anunció el estreno de "La Bayadera" en abril, la presentación de una "Gala de Ballet" en junio, y de "Tres hologramas", obra para la que convocó al coreógrafo Martín Inthamoussu y al músico Jorge Drexler.

Además, está prevista la realización de giras por el interior del país y una internacional.

martes, 27 de diciembre de 2011

La danza, los bailarines y la televisión chatarra

Hay guerra entre los bailarines argentinos que hicieron y hacen la gloria del ballet nacional en el extranjero.

Una polémica opone desde hace unos días a Maximiliano Guerra, Iñaki Urlezaga y Paloma Herrera por un lado, y Hernán Piquín, Julio Bocca y Laura Fidalgo por el otro.

¿Sobre qué se pelean? Pues sobre si los bailarines deberían participar en programas como "Bailando por un sueño", del impresentable Marcelo Tinelli, como lo ha hecho Hernán Piquín en los últimos meses (ganando, de hecho, el certamen, junto a Noelia Pompa, que padece de pseudoacondroplasia).

La batalla la arrancó sin querer Paloma Herrera, principal dancer en el American Ballet Theatre de Nueva York, al declarar al diario Perfil, al ser preguntada acerca de si programas como el de Tinelli ayudaban a la difusión del ballet: "No sé. Sé que hay discusiones, y se pierde el foco de la danza. Si es gente que quiere ser famosa, yo la respeto. Cada uno tiene sus gustos. Hay gente que mira películas para distraerse; a mí me gustan las películas para pensar. Si en ‘Bailando por un sueño’ la gente se divierte, me parece fantástico, ¡pero no me vengas a decir que eso está ayudando al mundo del ballet! ¡No! La gente que le tiene pánico a ir al Teatro Colón, ve el programa de Tinelli y le sigue teniendo pánico al Teatro Colón".

Maximiliano Guerra, en la misma sintonía, declaró: "ShowMatch fue cambiando la dirección: se fue para el lado del escándalo y lo amarillista, en vez de seguir pensando en el sueño por el cual competía el soñador. Cambió de esencia. Tampoco es una crítica a Hernán porque él es un gran bailarín.  Me parece que está desperdiciado en un programa así. 

Al bailarín internacional Iñaki Urlezaga tampoco le parece que el programa de Tinelli sea una obra maestra: "Yo no podría hacer lo que hace Piquín. Es difícil estar en la tele sin un quilombo. Por mi personalidad, es bastante jodido soportar la cosa pesada que se arma. El escándalo no sé si está inducido, pero hay que hacer algo para que el rating suba".

Como si el ataque hubiera sido contra el bailarín y no contra el programa, Julio Bocca sintió la necesidad de salir a defender a Piquín, aconsejándole "hacer oídos sordos de las criticas".

Y últimamente, fue la vedette Laura Fildalgo la que critícó a Paloma Herrera, con ataques personales que rozaron el insulto, tildándola de "soberbia" y "egocéntrica": “La admiración que tenía por ella se me fue bajo fondo. Paloma siempre fue cerrada. Vi su forma de manejarse en un almuerzo con Mirtha Legrand y actuaba así... callada, metida para adentro, y me dije, 'no, es una estúpida'". Y remató: "La combinación de artista y mala persona, a mí no me gusta, me cae mal".

Les dejo juzgar por ustedes mismos si lo que hizo Hernán Piquín ayudó o no a la danza:



jueves, 22 de diciembre de 2011

El Ballel del Sodre pone punto final a los festejos por el Bicentenario de Uruguay

Cierre entre zapatillas de punta y marcha camión

El Ballet Nacional del Sodre y la murga Agarrate Catalina podrán punto final a los festejos del Bicentenario esta noche en la Canteras del Parque Rodó 

Un 2011 exitoso de principio a fin para Agarrate Catalina: en marzo la murga obtuvo el primer puesto en el certamen...

Nota publicada en El Observador el jueves 22 de diciembre de 2011

Nadie hubiera creído hace tres años que a la hora de escoger un espectáculo que representara la identidad nacional para cerrar los actos conmemorativos del Bicentenario pudiera elegirse un espectáculo de ballet. En ese entonces el edificio del Auditorio Nacional Adela Reta, que este año quedó desbordado con cada puesta del cuerpo del Sodre, era apenas un pozo repleto de escombros.

Pero en el último tiempo la realidad de esa rama artística ha tenido cambios notorios. El Ballet Nacional, bajo la dirección de Julio Bocca, demostró que lo que hasta hace poco era una expresión clásica que respondía a elites, podía convertirse en un arte popular capaz de llenar auditorios y agotar entradas.

Es  por ello que tiene sentido ver esta noche en un espacio público fragmentos de puestas como El Cascanueces, El Corsario, Adagietto y Doble Corchea. De igual forma, también es entendible que el Ballet Nacional se presente a la par de una murga popular y exitosa como Agarrate Catalina, que inauguró el año con la conquista del primer puesto en el certamen oficial del Carnaval.

Aunque a simple vista la murga y el ballet poco tengan que ver, en el presente ambos tienen la capacidad de despertar el interés de los uruguayos y a su manera forman parte de su identidad.

Así, esta noche las delicadas zapatillas de punta compartirán escenario con la marcha camión de la ex murga joven, que hará un show especial para celebrar sus diez años de carrera. No faltarán los cuplés y retiradas más recordados de años anteriores, pero tampoco el destaque de su último repertorio: Gente común.

Con su presencia, la Comisión Bicentenario también saldará una cuenta pendiente con el género. Su ausencia en la gala central, realizada el pasado 10 de octubre, fue uno de los aspectos más reclamados por los uruguayos en redes sociales.

El espectáculo de clausura comenzará a las 21 horas, en las Canteras del Parque Rodó donde ya se está armado un gran escenario al que se podrá acceder en forma gratuita.

El Cascanueces, uno de los espectáculos que podrá verse y que estuvo en cartel hasta el pasado 20 de diciembre en el Auditorio Nacional Adela Reta, tiene el mérito de ser totalmente uruguayo, desde los bailarines, hasta la utilería, el vestuario y la escenografía.

A su vez, con la gala de ballet a cargo de Bocca, los uruguayos verán esta noche cómo se recupera un patrimonio perdido, ya que en la década del 50 era habitual ver a bailarines del Sodre en espacios públicos.

En una entrevista, realizada en junio de este año por El Observador,  Bocca recordó que en 1955 el ballet del Sodre salía de gira por todo el país, en una intención de sacar la expresión artística “fuera de los templos”.

“Hay fotos de espectáculos en el Parque Rodó, en el Parque Rivera a los que la gente concurría masivamente. Lo que pasa es que luego se fue perdiendo esa característica, y lo que hago es tratar de recuperar algo que ya estaba en la historia”, contó.

En ese entonces, el director del Ballet Nacional, también reveló sus intenciones de brindar más protagonismo a coreógrafos locales en futuras puestas. Así, para el año próximo está previsto el estreno de la pieza uruguaya Tres Hologramas, con música de Jorge Drexler y coreografías de Martín Inthamoussú.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Julio Bocca el desnudo en TN

Santo Biasatti entrevistó a Julio Bocca, en Otro Tema. El ex bailarín se refirió a muchos aspectos de su vida, como su actual gestión en el Ballet Nacional de Uruguay. Dos momentos de gran emoción son, en el segundo video, cuando recuerda su despedida en Nueva York en 2006 y en la avenida 9 de Julio al año siguiente. Muy recomendable.

Primera parte:



Segunda parte

sábado, 5 de noviembre de 2011

Entrevista a Julio Bocca en la revista Hola

La revista ¡Hola! acaba de publicar una entrevista a Julio Bocca. Pueden leer la entrada original aquí... o mejor aún, comprar la revista.

Julio Bocca: "Por primera vez me siento con los pies sobre la tierra"

Siempre lo tuvo claro y lo repitió casi hasta el hartazgo. “A los 40 me retiro”, decía Julio Bocca (44) cada vez que le preguntaban. Y cumplió con su palabra. El 22 de diciembre de 2007, después de veintisiete años sobre los escenarios más importantes del mundo, el máximo bailarín de Argentina bajó definitivamente el telón de su carrera con un show en el Obelisco.

Unos meses más tarde, se instaló en Montevideo y, como él mismo dice, “comenzó de cero”. Nueva vida, nueva casa, nuevos amigos y unas enormes ganas de no hacer nada. Pero en marzo del año pasado le ofrecieron ser el director artístico del Ballet Nacional del Sodre y aceptó.

Fotos: Ignacio Arnedo / Revista ¡Hola!
–¿Cómo te definirías en este nuevo papel?

–Disciplinado, constante, respetuoso… Yo me siento feliz y muy seguro con lo que estoy haciendo, y creo que eso es fundamental: con esa seguridad puedo salir a pelear por lo que quiero conseguir.

–¿Cuánto hace que estás viviendo en Montevideo?

–Tres años, casi al toque después del retiro. Necesitaba tranquilidad, desaparecer… Tenía miedo de quedarme en Buenos Aires y estar todo el tiempo encerrado en mi departamento para evitar los autógrafos, las fotos… Es algo que siempre agradecí, pero necesitaba encontrarme conmigo mismo.

–¿Fue como empezar de cero?

–Así es. Tuve que armar mi grupo de amigos. Al comienzo, era extraño porque me pedían que les contara anécdotas y si íbamos a algún lugar nos sacaban fotos y ellos no estaban acostumbrados a eso. Tuvimos que ir acomodándonos; por suerte, me crucé con muy buena gente en quien poder confiar.

–¿Cómo es el trato con el público?

–Acá nadie se me acerca. Es muy aliviador porque me siento uno más, voy a un restaurante y me atienden igual que a todos… Es muy lindo porque durante veintisiete años fui “el primero”, “el de las fotos” y por primera vez me siento con los pies sobre la tierra. Pasó el fanatismo y puedo disfrutar del cariño de la gente desde otro lugar.

–¿Recordás cómo fueron las horas posteriores a tu último show?

–Bajó el telón, me fui a casa y ahí me di cuenta de que ya no tenía la danza… ¿Y ahora qué? Me bañé, me fui a la fiesta de despedida y di por terminada mi carrera de bailarín. Después me tomé un año y medio para hacer nada: me levantaba a la hora que quería, comía y tomaba lo que se me antojaba, viajaba sólo si tenía ganas… Necesitaba estar en mi cama, ir al supermercado, cocinar. Descubrí que me encanta la cocina, reinventar recetas.

–¿No le tuviste miedo al vacío?

–¡Para nada! Siempre supe que iba a bailar hasta los 40 y  fui armando mi retiro. Tenía mi escuela, el Ballet Argentino y sabía que me iban a llamar para dirigir porque era algo que me habían ofrecido varias veces.

–¿Por qué a los 40?

–Es que fueron muchos años como bailarín, trabajados con mucha intensidad. Sentía que ya no tenía nada nuevo por descubrir y, al mismo tiempo, estaba cansado, no quería seguir bailando sin pasión. Prefiero que el público me siga preguntando “¿cuándo volvés?”, y que no se pregunten “¿cuándo se retira éste?”. [Se ríe.]

–¿Qué pasó con el ego del bailarín, ese que tiene todo artista para mostrarse, gustar, recibir el aplauso?
–Los aplausos son un agradecimiento a lo que uno da, pero yo no estudié mañana, tarde y noche pensando en el aplauso. Tuve la suerte de ser muy reconocido, pero nunca trabajé para eso.
–¿Cuánto creés que hubo de suerte en tu camino?
–No sé si fue suerte, destino o qué, pero siento que me fueron apareciendo cosas y oportunidades de las que aprendí y fui aprovechando.

–¿Alguna vez sentís que atravesaste una crisis vocacional?

–A los 25, después de cinco o seis años sin tomarme vacaciones, sufrí un período de mucho cansancio. En ese momento, ya tenía dos operaciones de rodilla y no sabía hasta cuándo me iba a dar el cuerpo. Entonces, me llamaban de la Opera de París y decía que sí, me convocaban del Bolshoi de Moscú o del Covent Garden de Londres… ¿cómo iba a negarme? Tuve que volver al psicólogo para aprender a decir que no porque estaba haciendo funciones frías, distantes.

–¿Cuán importante fue tu familia en tu carrera?

–Fundamentales. Mi abuelo Nando, mi abuela Teresa y mi mamá Nancy siempre me apoyaron, sobre todo en esta carrera… Un varón que estudia danza…

–¿Vos tuviste que enfrentarte a ese tipo de prejuicios?

–Nunca me importó lo que decían, todo lo que escuchaba me entraba por un oído y me salía por otro. En el mundo del ballet no pasa nada diferente de lo que se vive en un estudio de arquitectura o en un buffet de abogados.

–¿Qué cosas siguen intactas de aquel chico que a los 8 años tomaba el tren para ir a sus clases de ballet?

–Todo lo que se ve… Con más experiencia, con un poco más de sabiduría, pero yo me sigo divirtiendo como cuando tenía 8 años. También hay algo de la sorpresa, el capricho y la insistencia que tienen los chicos que aún siguen presentes en mí.

–¿Alguna vez dijiste “cuando me retire será para comer papás fritas y tomar cerveza sin culpa”?

–¡Eso lo hago! Papas fritas no tanto, pero mi cervecita está. Cuando termino de trabajar, agarro la rambla con el auto, llego a casa, me siento en el balcón mirando el río y tomo mi copita de champagne, mi vinito o mi fernet con gaseosa.

–¿Estás en pareja?

–Sí, desde hace dos años.

–¿Sos difícil para el amor?

–Como cualquier ser humano, con lo bueno, lo malo, lo complicado… Con los años aprendí a allanar el camino del amor, aprendí a ceder, a no poner palos en la rueda.

–¿Quisiste o te quisieron más?

–A lo largo de mi vida tuve parejas estables, amé sin ser correspondido y también estuve cómodo con alguien por el solo hecho de estar acompañado.

–¿Te gustaría ser padre?

–La idea de la paternidad siempre está latente, pero tal vez en otro momento tenía más ganas… Ahora ya no tanto.

–¿Cuál es tu máxima fantasía?

–Tener un gran barco. Es un sueño que tengo desde siempre y no quiero perderlo. Me encanta leer revistas de náutica. Tal vez algún día venda todo lo que tengo, me compre un barco y me vaya a vivir flotando.

–Si tuvieras un espejo delante y te miraras a los ojos durante algunos minutos, ¿qué te dirías?
–[Piensa.] Me diría “gracias por todo lo que diste y lo que seguís dando, seguí aprendiendo, no aflojes, no te dejes estar”. Creo que algunas veces me preguntaría “¿por qué no estás sonriendo, si tenés todo?”.

–¿A veces te olvidás de sonreír?

–Cada vez menos… Aprendí a cambiar mi cabeza y entendí que lo malo se puede transformar en bueno y que todo es posible, aunque haya días en los que me nuble la cabeza.
 
Texto: Sebastián Fernández Zini
Fotos: Ignacio Arnedo

martes, 11 de octubre de 2011

Y Julio Bocca volvió al Colón...

Julio Bocca volvió al Teatro Colon el tiempo de una clase. Fue un día antes de una función de gala a 40 años de la trágica desaparición de Norma Fontenla, José Neglia, y otros siete bailarines del coliseo municipal, en un accidente aéreo. 

Bocca brindó una clase a los bailarines que iban a participar en la función, que fue el sábado pasado, y en la que participaron los bailarines de la compañía, así como los invitados Herman Cornejo, Erica Cornejo, Vladimir Malajov, Maia Majateli, y Lara Delfino, entre otros.

Al parecer, fue Bocca el que sugirió brindar esa clase a la directora del Ballet Estable, Lidia Segni, dado que un grupo de artistas del Ballet Nacional de Uruguay, dirigido por el bailarín argentino, también iba a participar en la gala.

El 10 de octubre fue instituido Día de la Danza, en conmemoración de la muerte de Fontenla, Neglia, Margarita Fernández, Rubén Estanga, Carlos Santamarina, Carlos Schiaffino, Sara Bochovsky, Martha Raspanti y Antonio Zambrana, el 10 de octubre de 1971.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Julio Bocca, denunciado por "represión sindical"

Julio Bocca fue denunciado por "represión sindical" por la Asociación de Funcionarios del Sodre, por no permitir que los bailarines se afiliaran a un sindicato. El presidente del Sodre, Fernando Butazzoni, le  pidió explicaciones.

MONTEVIDEO - A mediados del mes de septiembre, la Asociación de Funcionarios del Sodre (Afusodre) denunció a Julio Bocca, director del Ballet Nacional, por "represión sindical". El planteo fue hecho ante la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Diputados. ¿La causa? Según los trabajadores, "cuando asumió, el maestro Bocca le dijo a los bailarines: nada de sindicato. El que esté en el sindicato no baila". Lo cual, afirman los funcionarios, llevó a que no haya ningún delegado del cuerpo de baile en el gremio.

Tras esta denuncia, el presidente del Sodre, Fernando Butazzoni, pidió explicaciones a Bocca. "Ha vuelto a surgir en la opinión pública una versión referida a presuntas violaciones a los derechos sindicales en el ámbito del Ballet del Sodre. En este caso la situación es doblemente grave, pues dicha versión fue volcada ante una Comisión del Parlamento Nacional, la misma consta en actas, ha sido recogida por algunos medios de prensa y ha sido comentada por algunos señores diputados", expresó Butazzoni en una carta pública.

La situación no es nueva. Desde que asumió como director del Ballet del Sodre en marzo de 2010, Bocca ha tenido que afrontar varias huelgas, y sus relaciones con los sindicatos ha ido de mal en peor.

Bocca debió suspender la presentación de la obra Giselle a fines de agosto del 2010 por medidas sindicales adoptadas por Afusodre y desafió al sindicato: de suspender nuevamente otra función, dijo, la realizaría a como diera lugar. "Hago la función como sea. Y si no, me retiro a mi casa muy tranquilamente", dijo a los medios.

Poco tiempo después, Afusodre decidió denunciar a Bocca por una serie de irregularidades en contrataciones. El bailarín, afirman los sindicalistas, contrató a artistas y técnicos sin realizar llamados abiertos a concurso.

A principios de octubre, el PIT CNT convocó a un paro nacional de 24 horas, el primero del presidente José Mujica. Esa noche estaba programada la obra Giselle: Bocca decidió no suspender la función, en claro desafío a la central sindical. Los funcionarios estatales se manifestaron entonces delante del Auditorio Reta con petardos y equipos de audio a todo volumen durante la función, que se hizo de todos modos, en presencia del propio Mujica.

Por último, la semana pasada, Afusodre decidió suspender los ensayos de El Corsario, en reclamo por la situación de ocho músicos que siguen cobrando los sueldos que tenían en sus puestos anteriores, pese a haber subido de categoría por concurso en 2006. Las autoridades del Sodre resolvieron entonces que las funciones se harían de todos modos, recurriendo a grabaciones.

"Gracias a la dirección de Julio Bocca, el Ballet Nacional le dio al Sodre un lustre que hace años no conocía", escribió el diario El País en una editorial este domingo. "Empero, la tarea del gran artista argentino está amenazada por los conflictos sindicales que padece el organismo y que obligan a cancelar los ensayos (...) Tantos líos podrían causar nuevas renuncias en el futuro, entre ellas la de Julio Bocca, lo que sería una pérdida imperdonable que las autoridades del Sodre deberían evitar".

Desde el 30 de septiembre y hasta el 11 de octubre, el Ballet Nacional realizará funciones de El Corsario en el Auditorio Nacional Adela Reta. Los invitados para esas funciones son la uruguaya Maria Noel Riccetto, del American Ballet Theatre, y José Martín, del Royal Ballet de Londres.

Fuentes: El Observador El Espectador, La Prensa, El País

viernes, 3 de junio de 2011

Una larga entrevista a Julio Bocca en el diario El País de Montevideo

Una extensa nota salió hoy en la sección Cultural el diario El País de Montevideo sobre Julio Bocca. Su autora, Lucía Chilibroste, ha usado mi libro Julio Bocca, la vida en danza, como fuente.

Con Julio Bocca en el Sodre

Un maestro espontáneo

Lucía Chilibroste

CUANDO JULIO BOCCA nació, su madre, Nancy, por entonces soltera, quiso llamarlo con otros dos nombres más: César y Adrián, al igual que los emperadores romanos. Pero, como en el Registro Civil no le aceptaron más de dos nombres, sólo lo llamó Julio Adrián Bocca, quedando por el camino además el apellido de su padre biológico, Fernández, que no lo reconoció. Luego, cuando Julio tenía 14 años de edad y fue adoptado por su padrastro, pasó a llevar el apellido de éste: Lojo.
Para Julio la danza comenzó como un juego, colándose en las clases de ballet que daba su madre. Pero el camino no fue fácil.
De lunes a viernes salía a las 6 de la mañana de su casa, en Munro, Provincia de Buenos Aires, acompañado por su abuela Teresa primero, y a partir de los 10, solo. Tomaba el tren y después un ómnibus, para estar a las 7:45 en la Escuela Nacional de Danza, en el centro de la capital, hasta el mediodía. En la tarde asistía a la escuela primaria y en la noche a la Escuela del Teatro Colón, de donde salía a las nueve para volver a la Escuela Nacional a esperar que su madre terminara de trabajar y así emprender el regreso a Munro, a las once de la noche.
A los 14 años se fue a bailar a Caracas; a los 15 ya hacía algunos papeles en el Colón y unas temporadas en Río de Janeiro; a los 18 ganó la Medalla de Oro en Moscú, y a los 19 entró al American Ballet Theatre (ABT). A partir de entonces recorrió el mundo bailando en sus principales escenarios, recibió innumerables premios, creó su propia compañía y se propuso popularizar el ballet. Procedente de una familia de origen muy humilde, siempre fue visto como un muchacho de barrio, ajeno al glamour que por lo general ostentan las estrellas del ballet. El Polaco Goyeneche cuenta que al principio, cuando lo veía caminando, creía que Julio Bocca era el que le llevaba el bolso a Julio Bocca.
Ese hombre sencillo, muy seguro de sí mismo al punto que por momentos puede parecer intransigente, es el que encontramos en el Teatro Adela Reta, sede del Ballet Nacional del Sodre.
Su oficina, que parece un búnker, muy iluminada y compartida con su secretaria y el gerente del ballet, es un espacio con paredes de hormigón, imágenes de ballet pegadas en las paredes, un pequeño mueble de madera, una pizarra y cuatro mesas que ofician de escritorios. Vestido con jeans, zapatos deportivos y un informal abrigo de hilo, en un clima muy distendido que permite y obliga a pasar con naturalidad al "tuteo", Bocca apacigua de a poco un pestañeo que parecía un tic. Apronta el mate, se acomoda y comienza a charlar de una carrera y una vida, que a menudo califica de "maravillosa".
Los años que duró su carrera de bailarín internacional fueron agotadores: aeropuertos, clases de ballet, ensayos, funciones, hoteles, y más aeropuertos. Fiel a su idea de retirarse a los 40 años bailando y no caminando, decía que necesitaba descansar, sin embargo poco después de retirarse, decidió involucrarse con el Ballet del Sodre.

ASPIRACIONES DE UN DIRECTOR.
-¿Por qué Uruguay?
-Descansé un año y medio, sin hacer nada. Y después, la verdad, tenía necesidad de volver al mundo de la danza, de transmitir todo lo que uno aprendió. Y salió esta posibilidad de ayudar a que un ballet como el del Sodre vuelva a tener su actividad como debe ser. Entonces me gustó la idea. Y la verdad es que me gusta dirigir, enseñar, programar, estar en un escritorio, organizar y que las cosas salgan. Insistir y molestar hasta que se tenga que hacer. Salió, y estoy feliz.
-¿Qué objetivos tenés respecto a la compañía?
-Mi idea es competir sanamente con otras compañías del mundo. Mostrar las cosas buenas que se pueden hacer acá. Que sea una compañía con nivel internacional. Y que, al mismo tiempo, tenga un repertorio que sea el del mundo. Que se pueda hacer una gran obra clásica y de ahí en más poder hacer también obras de coreógrafos contemporáneos y abarcar todos los estilos. Buscamos una compañía que se abra, que salga de gira y que represente al Uruguay.
-¿Y cómo se logra eso?
-Acá están los elementos, porque hay maestros buenos, bailarines buenos. Lo único que tenés que hacer es unirlos, trabajar. El otro día una señora me preguntaba cómo se hacen las cosas. Y yo le respondía: `haciéndolas`. Las cosas se hacen haciéndolas.

A SU MANERA. Bocca trabajó mucho para convertirse en un personaje que sobrepasara al bailarín. En el mega-espectáculo de su despedida, en un escenario montado en la principal avenida de Buenos Aires, frente a 300 mil personas, donde compartió las tablas con primeros bailarines de nivel mundial, pero también con artistas populares como "La Mona" Jiménez o Mercedes Sosa, se despidió con el tema "A mi manera". Y esa extensa e intensa despedida fue un reflejo de la carrera que hizo, "a su manera".
-Muchas veces has dicho que "el ballet no es un arte para entendidos". ¿Cómo se explica?
-Es que el ballet es un arte y punto. Es un arte de los más completos, en los que tenés el dibujo, la música, lo actoral, la línea, todo. Es un arte que lo podés llevar a cualquier parte del mundo, a cualquier rincón y te va a gustar o no, pero se va a entender. No necesitás el idioma o la traducción, te transmite.
-Parece casi un objetivo de tu vida hacer del ballet un arte masivo, llevándolo a espacios no convencionales, como grandes estadios o estudios de televisión. Eso te generó admiradores que nunca antes se habían acercado al ballet.
-Pero es lo que tiene que ser. Es lo que tiene que hacer la gente, lo que tienen que hacer los gobiernos. La cultura y la educación tienen que ir juntas. De eso depende el crecimiento de un país. Es el aprender, el continuar. Y la cultura es algo que siempre se deja atrás. Entonces, está en nosotros los artistas salir y hacer que no se olviden, porque es algo bueno y que a la gente le gusta y va a verlo.
-Pero también generó detractores, que te acusaban de sacrificar lo artístico por lo que las masas querían ver, de no educar al público.
-Si yo no disfrutaba arriba del escenario, el público no iba a disfrutar. Yo hice lo que tenía ganas de hacer. A unos les gustó y a otros no. Pero yo no obligaba a nadie.
-¿Qué papel jugó tu manager, Lino Patalano, en tu carrera, en tu arte?
-Fue algo muy importante sobre todo para popularizarlo. Él estaba acostumbrado a lo popular, entonces ayudó en eso. Sin serlo, es un artista. Siempre estaba muy preocupado de las cosas que hacíamos, por todo lo que era la parte artística, visual, cómo se publicitaba, qué entrevistas dábamos. Fue un soporte muy bueno.
-¿Fue beneficioso también vivir en el momento histórico de apertura democrática, cuando había necesidad de cohesionar a la Argentina tras "ídolos nacionales" que triunfaran en el exterior?
-Yo me siento como la cola de un cometa que pasó, en el que hubo muchas grandes figuras en la danza como Nureyev, Plisétskaya, Vasiliev, Makarova, Baryshnikov, Alicia Alonso. Muchas. Y yo entré en el final, cuando toda esa gente se estaba retirando. Y me sirvió porque pude tener contacto con ellos, compartir funciones, charlas, aprender. Y al mismo tiempo la gente estaba buscando a alguien para ir a ver. En la Argentina tenemos esa costumbre o necesidad de buscar a alguien a quien aferrarnos. Y vino la democracia, de golpe salió Maradona con el fútbol, Vilas y Sabatini con el tenis, y aparecí yo con algo que la gente ni pensaba. Fueron muchas cosas que se dieron. Pero también fue un trabajo propio, porque así como te reconocen, también te olvidan.

LA FAMILIA.
-¿Qué supuso tu familia en la carrera?
-Todo. La familia es parte de mi carrera. Si uno no tiene una buena familia atrás, que lo apoye en las decisiones que uno toma, no te digo que sea imposible, pero es difícil. Nuestra familia ha sido muy unida, pero no pegajosa. Eso nos dio a todos libertad, suficiencia para poder estar solos e ir conociéndonos a nosotros mismos. Y eso es maravilloso.
-¿Y tu abuelo Nando?
-Y mi abuelo Nando fue mi padre. Mi viejo, cuando yo nací, no me reconoció, entonces mi abuelo fue la visión masculina en mi familia. Y con eso que tienen los abuelos que te perdonan todo, que te malcrían.
-¿Fue el primero en creer en ti?
-No. Toda la familia creyó. Mi vieja era profesora de danza y yo fui el único en seguir la carrera artística. Porque a mi hermano, que falleció cuando yo tenía 20 años, le gustaba mucho pintar, dibujar, pero nunca estudió danza, por la cargada de los amigos. No tenía esa cosa de fuerza. Si bien éramos incentivados, cada uno tomó su propia decisión. Mi hermana estudió en el coro de niños del Colón y ahora se recibió de maestra de danza, pero se dedicó más a la familia. Yo fui el único que siguió. Entonces siempre estaban todos apoyándome.
casi perfecto.
-¿En países como los nuestros, ser bailarín varón es más difícil o más fácil?
-Si es por las cargadas, por la discriminación, se hace difícil cuando no tenés un carácter fuerte. A mí como me entraba por un oído y me salía por otro, no me importaba. Quería estudiar, quería ser bailarín. Además, en aquella época había menos cantidad de varones y se hacía mucho más fácil hacer la carrera y llegar más lejos.
-¿Qué bailarines fueron tus referentes?
-Vladimir Vasiliev, que venía mucho invitado al Colón. Nureyev, que fue al primero que vi, cuando tenía cuatro años, haciendo Cascanueces. Y también Baryshnikov.
-¿Creés que haber bailado tanto, y no haber tenido una compañía permanente, te puede haber perjudicado en tu formación y desarrollo artístico?
-Quizás si uno se queda en una compañía estable tiene más tiempo para estudiar, pero mi carácter no lo daba. Yo siempre fui muy rápido. En tres días me aprendí Romeo y Julieta, un ballet de tres actos. Lo aprendí y ya lo podía bailar. Quizás sí me hubiese gustado trabajar con coreógrafos como Kylián o Forsythe. Pero ellos están con los bailarines por mucho tiempo, y yo, aunque podía tenerlo, prefería estar arriba de un escenario y no en una sala de ballet ensayando. Pero bueno, ese soy yo. Y con mi carrera estoy feliz y no me puedo quejar.
-¿No te generó problemas la falta de ensayos?
-Con Alessandra Ferri, mi principal partenaire, siempre fuimos muy de la espontaneidad. Por eso nuestra unión fue única. Nunca sabías qué iba a pasar. Nuestras funciones jamás eran iguales, como pasa con otros bailarines que están estudiando en una compañía estable, y sabés que siempre lo van a hacer de la misma manera. Pierden la espontaneidad, la frescura, esa cosa de ensuciarse a veces, que sirve después para mejorar.
-¿Y tampoco te gustaba hacer las clases de ballet?
-Mmm… ensayar y "hacer clase" no eran mis dos cosas preferidas. Desde chico me gustaba estar arriba del escenario, bailar, disfrutar. Todo el resto, esa cosa de disciplina, como buen latino, me costaba. Pero sabía que lo tenía que hacer. Yo hice siempre "clase" hasta el último día de mi carrera. Porque es la única forma que uno tiene justamente de "limpiarse", de volver a su lugar, a reconocerse. Eso lo aprendí del ballet americano. Durante dos meses tenés ocho funciones semanales. Imaginate que es un ritmo que no se aguanta sin disciplina…
-En el documental Sobre el abismo Sylvie Guillem señala que a medida que uno va bailando mejor se va apropiando de algunos ballets, transformándolos. Entonces, las referencias y expectativas crecen, y puede que el placer deje paso al miedo.
-Llega un momento, cuando uno está en el escenario, que aparece esa expectativa y presión de tener que hacer todo perfecto. La gente se olvida de que uno está vivo y que le puede fallar un salto, un giro, la bailarina. O podés estar con fiebre, descompuesto, o haberte peleado con tu pareja, tu familia. Millones de cosas que le pasan a la gente normal. Entonces, en ese momento, salís al escenario y te da miedo. Hay grandes bailarines que se van encerrando y autodestruyendo. Entonces el goce de disfrutar cada momento y del personaje, no lo pueden encontrar.
-¿Siempre disfrutaste del baile?
-No, no, no. Yo he tenido momentos. Me ayudó mucho ir a mi psicólogo por cosas muy puntuales. Y una fue para aprender a decir que no. Porque era un tiempo en el que tenía tantas cosas, tantas presiones, tantas funciones, que me subía al escenario porque tenía un contrato firmado, pero no porque tenía ganas. Entonces aprendí a que tengo que hacer un corte de por lo menos dos semanas al año para mí. Porque puede llegar un momento en que la presión es tanta, que no absorbés nada de la vida cotidiana, no aprendés nada nuevo, creés que todo lo sabés y eso no está bueno. Y lo necesitás en el escenario para los personajes.
-Siempre has tenido a tu maestro de ballet. ¿Qué es lo que lo hace tan importante?
-Porque es una persona que te lleva a "hacer clase", te recuerda que hay una responsabilidad, una disciplina. No significa que llegás a la cima y te relajás. Al contrario, tenés que mantenerte estando arriba porque el trabajo viene más difícil. Entonces para mí fue muy importante tener siempre un maestro. Alguien que entra a la sala y ya de por sí todos se estiran, dejan de estar encorvados. Hay una cuestión de respeto, de disciplina que hace que tu trabajo sea diferente. Y eso se necesita. Wilhelm Burmann, mi maestro, era espectacular. Yo llegué con una musculatura más rusa, más de la escuela antigua, más pesada. Y él cambió mi cuerpo. La gente pensaba que era más alto de lo que me veía, resultado de un trabajo en el que toda la energía se proyecta, no queda encerrada en uno. También me marcó el personalismo, el respeto, la disciplina, la constancia, la limpieza de cada movimiento, de cada paso.
por el mundo. Mientras su abuelo hacía, desde la madrugada, interminables filas buscando una entrada en el "gallinero" del Teatro Colón para llevar a Julio al ballet, soñaba con que un día allí su nieto fuera Primer Bailarín. Pero a pesar de que Julio no llegó a serlo en el Colón, ni su abuelo a verlo, sí lo fue en Nueva York, y bailó como tal en gran parte del mundo y con su propia compañía: el Ballet Argentino.
-Tu relación con el American Ballet Theatre (ABT) fue un poco especial, ya que si bien en veinte años nunca dejaste de hacer una temporada, tampoco permaneciste en la compañía por más de dos meses.
-Los primeros tres o cuatro años yo estaba todo el tiempo en Nueva York. Pero después quería tener mi propia carrera personal y bailar más. Entonces fui arreglando para bailar en distintos lugares. Pero el ABT fue siempre mi casa. Y ser primera figura del ABT era tener un marco de oro impresionante, entonces tampoco quería perder eso. Además, me hacía bien llegar a casa y tener una compañía en la que por un período estaba tranquilo, estudiaba, trabajaba, "limpiaba" las obras. Porque cuando uno viaja mucho se puede "ensuciar", se puede relajar, a pesar de que siempre llevara a mi maestro.
-¿Cómo fue tu relación con el Teatro Colón?
-Y… bien. Me hubiese gustado tener una relación más estrecha. No se dieron las cosas. Yo también me preocupé por lo mío. Pero hoy nuestra relación es muy buena.
-¿Llegaste a ser Primer Bailarín del Colón?
-Oficialmente no. Fui cuerpo de baile. Aún hoy lo soy. No sé si seguiré apareciendo en los programas.
-¿Por qué surge el Ballet Argentino?
-Por la necesidad de mostrar lo que teníamos en Argentina. Darle la oportunidad a la gente joven y sacarlos al mundo. Yo a veces tenía posibilidades y viajaba a bailar como primera figura a grupos que se armaban. O se hacían galas. Pero me cansé de hacer sólo el pas de deux de Don Quixote o de Corsario. Quería un poco más. Entonces, con el Ballet Argentino uno pudo armar aunque sea obras "de media hora" donde había una historia para contar con un principio y un fin. Me dio posibilidades de trabajar cosas diferentes, otros estilos y coreógrafos. A veces hacíamos 120 funciones al año, que para una compañía privada y sin apoyo es mucho.
lo público y lo privado. Bocca ha decidido gestionar una institución pública como si fuera privada. Al cumplirse el primer año como Director Artístico del Ballet Nacional del Sodre, su gestión ha resultado movilizadora: extensión del horario de trabajo, audiciones, a punto de presentar su quinta programación, entradas agotadas, una gira nacional en el 2010 y otra programada para 2011 en Uruguay y Europa, y participación en el Festival de La Habana. Además, debió afrontar movilizaciones sindicales y problemas estructurales del organismo.
-¿Es bueno estimular la constante competencia?
-Es bueno para los bailarines de acá la incorporación de bailarines de otras partes del mundo así como de la Escuela Nacional de Danza. Porque eso enriquece no sólo el nivel de la compañía sino el intercambio. Es una forma de que tengan una especie de competencia sana. Que se incentiven estudiando más, siendo más profesionales, estando más en forma. Esta es una carrera donde no podés estar cómodo. Si estás cómodo, tomando mate, ¡sonaste! Me interesa que surjan figuras propias del Ballet del Sodre. No sirve traerlas siempre de afuera. Pero tampoco quiero eso de que entran y se sienten, y no puedas hacer nada. Que tengan siempre esa responsabilidad de estar derecho.
-¿Con qué problemas te enfrentás hoy en el Ballet Nacional?
-Mmm… ninguno.
-¿No hay problemas estructurales, como el tema de las jubilaciones, que no permite a los bailarines retirarse con un salario digno ni dejar el espacio para las nuevas generaciones?
-En esas cosas todavía no me meto. Por ahora lo que estoy haciendo es para que estén trabajando, que tengan coreografías nuevas, para conseguir funciones, organizar las giras, que tengan un repertorio interesante, que trabajen seriamente, que sean profesionales, que tengan las comodidades dentro de lo que la estructura puede dar. Pero en todo lo que tiene que ver con la jubilación no participo, porque no es lo que yo tengo que hacer. En eso actuará la parte administrativa, el Consejo. Esto que digo no significa que no me interese de acá al futuro saber qué se va a hacer. Esperemos ver cómo se puede solucionar, porque además es un problema mundial.
-¿Te queda tiempo para poder trabajar con la Compañía?
-Aunque la organización me lleva mucho tiempo, un poco me queda. Y eso me gusta mucho. Pero siempre estoy presente. Voy de mi oficina a la sala de clase un ratito y vuelvo, tratando de estar más con los bailarines.
la formación.
-¿Preocupa unificar a la Compañía con una Escuela, afirmar una formación común?
-Preocupa, y se necesita tener una formación común. Lo que pasa es que hay que buscar qué y cómo.
-¿Alguna idea en especial?
-Sé que lo que digo es una locura, pero a mí me gustaría poder hablar con Burmann y crear un estilo. No sé… ver cómo se enseñan determinados pasos, por qué se enseña de esa forma. Y que se siga evolucionando. De lo contrario nos quedamos siempre en el pasado. Y no digo que no sea bueno, pero hoy se baila de otra forma, con otra cabeza. Nosotros tenemos que competir como se da en Internet: velocidad, agilidad. Ahora es todo más lineal, todo más largo. Sé que es una locura y que por supuesto, como casi siempre en nuestros países vamos a tener todo en contra: los maestros, la idiosincrasia, todo. Porque nadie quiere el cambio. Todos quieren seguir como estaban, por comodidad. Esto que pienso exige estar atento, aprender, volver a usar la cabeza. Entonces, son muy difíciles esas cosas. Pero creo que son necesarias.
-Si pudieras soñar con una escuela de danza: ¿qué propondrías?
-Sería lindo que el Sodre tuviera su Escuela Nacional de Artes en la cual, en un mismo lugar físico, los alumnos pudiesen estudiar su primaria y secundaria, y al mismo tiempo canto, música o danza. Que no sólo se eduquen artísticamente, sino también intelectualmente, que en nuestra profesión es difícil, porque no queda tiempo.
-En el Festival de La Habana del 2010 anunciaste que te interesaba acercarte a la Escuela de Danza.
-Sí, anuncié que iba a tratar de trabajar junto con el Director de la Escuela. Porque si ésta enseña de una forma y sus egresados siguen bailando como hace veinte años, de modo diferente al de la Compañía, no me sirven. Porque el trabajo para cambiar me significaría entonces una pérdida de tiempo. Pero es cuestión de unirse, de charlar, porque tampoco digo que lo mío tiene que ser lo correcto. Yo tengo una idea, con la que se está trabajando en la Compañía, que se puede llegar a concretar, que sirve y funciona. Los resultados se están viendo. Entonces, si funciona, porqué no usarla. La intención de unificar la formación está. Porque no es sólo que nos preocupemos de esto y del resto no. En muchos lugares todavía se mantiene eso de que lo contemporáneo por un lado y lo clásico por otro. Y ya no es así, es todo uno. Por ejemplo empezamos trabajando con la Escuela de Danza de Maldonado para tratar de, entre todos, de a poco, más o menos, ir unificando la enseñanza dentro del Uruguay.
-¿Te interesa incluir el candombe en los trabajos del Ballet?
-Si. Justo ahora estamos montando Tango y Candombe, de Ana María Stekelman. Convengamos que no es el candombe-candombe. Pero como este año salimos de gira a Europa, el candombe tiene que estar, se relaciona con Uruguay. Porque el tango se sigue relacionando más con Argentina que con Uruguay. Aunque todos los temas de tango que usó la coreógrafa son de autores uruguayos. Es una coreografía creada especialmente.
el mar, los perros y los huesos. Bocca hoy se muestra muy tranquilo y dice estar "súper feliz" con su vida montevideana. En su casa del barrio de Punta Gorda, disfruta de la tranquilidad de ver el mar, un paisaje que ayuda al relax.
-En el 2007 anunciaste que al retirarte, a fines de ese año, ibas a realizar un viaje a la Antártida en un rompehielos. ¿Fuiste?
-No se hizo, no, el viaje no salió. Se incendió el rompehielos. Era el Irízar. Ahora sigue en reparaciones. Estoy esperando que lo recuperen para poder hacerlo.
Además del mar, en su hogar siempre lo esperan con afecto sus dos perros: un ovejero alemán, Manon (en honor al ballet de Kenneth McMillan) y un cachorro de rottweiler que le regalaron y él llamó Romeo. "También tuve una Kitri -dice- y un Basilio (nombre de los personajes principales del ballet Don Quixote), una Natasha por Makarova y un San Bernardo que se llamaba Yerba".
-Has tenido siete operaciones: cuatro en la rodilla izquierda, una en la derecha y una en cada pie. ¿Todavía sentís las lesiones de bailarín?
-Sí, sí. Acá, a veces, tomo clases de ballet o las doy, porque si no, quieto en el escritorio, frente a la computadora, me voy encorvando y me duele la cintura. Entonces necesito estirarme, moverme. Ahora estoy con un problema del dedo de la mano izquierda que se me queda trabado. Y lo mismo me pasó el año pasado con uno de de la mano derecha, que me tuve que operar. Y... van apareciendo las cosas. Por eso hago media horita de algo, de estiramiento, de abdominales, con cierta rutina, por lo menos día por medio.
-¿Y qué hace Bocca cuando termina de trabajar, ya sin nada pendiente?
-Siempre hay algo pendiente. Pero digamos que del Teatro yo me voy manejando por la rambla, tranquilo, a casa, y ahí, mirando el agua ya me relajo. Y bueno, cuando llego a casa, si hay cosas complicadas sigo. Si no trato de desconectarme, y lo primero que hago es tomarme un vinito tinto y quedarme tranquilo, mirar series norteamericanas. Disfruto de estar en casa, me cuesta salir. Pasé muchos años sin poder disfrutar de un hogar. Los fines de semana que llueve, por ejemplo, me fascinan, porque uno se queda encerradito en la cama, tranquilo y sin culpa. Y para mí eso es maravilloso. Con tener mi espacio en mi casa y ver el agua ya estoy feliz. Después, en el día a día, tipo ocho de la noche, ya ceno. A las once me gusta estar en la cama, porque al otro día me levanto a las siete, desayuno un jarro enorme de licuado de frutas con leche y clara de huevos, y tomo mate. Llego al teatro a las ocho y media, y me preparo otro mate, almuerzo una manzana y en la tarde, nada.
-¿Qué viene después del Ballet del Sodre?
-¡Ay! ¡Yo que sé! La verdad es que soy de buscar tranquilidad. Dejame que estoy bien así, disfrutando; ya llegará.

Oro en Moscú

DESDE QUE BOCCA estuvo bailando en Caracas, la idea de ir a competir al reconocidísimo premio de Moscú, que se hacía cada cuatro años, se había convertido casi en una obsesión. Lo veía como una forma de hacerse conocer en el mundo. En Argentina nadie creía demasiado en este pequeño regordete. Y llegar a Moscú no le era fácil. La organización ofrecía el pasaje de regreso, el alojamiento y los gastos mientras los participantes se mantuvieran en concurso. Faltaba el pasaje de ida, los trajes, la música, elegir las obras, un maestro, ensayar, y encontrar una partenaire.
El reglamento permitía concursar en dúo o solo. Julio eligió la segunda opción, y después de mucho buscar, encontró a Raquel Rosetti, quien decidió acompañarlo a pesar de no competir por estar pasada de edad.
La partida fue un barullo. Los pasajes, financiados por la Fundación del Teatro Colón, llegaron sólo una semana antes del evento, los ensayos no estaban finalizados, su abuela le modificaba detalles de los trajes. Sólo cinco personas fueron al aeropuerto a despedir a estos dos intrépidos.
El concurso constaba de tres rondas en las que se iban eliminando los bailarines. Para la primera se exigía elegir un pas de deux entre una lista de obras clásicas. La segunda era de libre elección de cualquier clásico y una coreografía moderna. Y en la tercera solamente un pas de deux entre los clásicos rusos.
Para la primera decidieron bailar el de Don Quixote, que era de los papeles que mejor le quedaban a Bocca, donde hacía evidente su virtuosismo. Para la segunda Corsario y A Buenos Aires, de Gustavo Mollajoli, con música de Piazzolla. Y para el final, convencidos de que no iban a llegar, dejaron el pas de deux de Cascanueces, un ballet que casi no habían ensayado y no correspondía demasiado con las características de bailarín de Bocca.
Entre los noventa bailarines que participaban en 1985, los argentinos eran dos completos desconocidos. Los favoritos eran los soviéticos.
Cuando suben por primera vez al escenario, Bocca, muy nervioso y queriendo deslumbrar al jurado, realiza una combinación de pasos que le sale mal y casi hace caer a su partenaire. Una espontánea risa se sintió del sincero público moscovita. Raquel, de cara a éste y con su mejor sonrisa le murmura entre dientes: "¡La puta que te parió! ¿Qué te pasa? ¡Te voy a matar!". Ese baldazo de agua fría le sirvió para reaccionar y bailar como sabía hacerlo. Al terminar el primer adagio desde la platea los intimidó un silencio sepulcral. `Sonamos`, pensó Bocca. Pero enseguida los invadió una ovación.
El resto de la historia ya es muy conocido. Bocca volvió con la Medalla de Oro. Al final de Cascanueces debió salir a saludar veintidós veces, durante treinta minutos de rabiosos aplausos.
De esta forma entraba por la puerta grande al mundo del ballet. Al año siguiente, Mijail Baryshnikov, que era el director del American Ballet Theatre, lo llamaría para que fuera Primer Bailarín de su compañía y desde entonces su carrera ya no tendría límites.

Tomado de Julio Bocca. La Vida en danza, de Angeline Montoya, Aguilar, Bs. As., 2007.

Programación

EL BALLET Nacional del Sodre estrena el 17 de Junio de 2011 la "Gala de Ballet II", en el Teatro El Galpón, con una variada programación: Donizetti Variation, de George Balanchine. Adegietto, de Oscar Araiz. Tango & Candombe, de Ana María Stekelman. Percusión para seis hombres, de Vicente Nebrada.